La columna | Que no le digan… | El nuevo gobierno y los medios | Por Mario A. Medina

Por Mario A. Medina *

 

 

Cuando Andrés Manuel dio a conocer que las secretarías de Estado se habrían de mudar a diferentes puntos de la geografía nacional, las interrogantes y dudas que surgieron al respecto florecieron por montones. Esto permitió que todo mundo, claro está, imaginara, igual, una y mil  respuestas. Es evidente que el problema tiene que ver con un problema de falta de comunicación. Hasta el momento no ha habido contestaciones claras a esta situación y otras.

Sí, un problema de comunicación, pero cómo poder comunicar cuando aún no se ha definido cuál habrá de ser la política de comunicación social de la nueva administración, menos aún, cuando quien será el responsable de esta área apenas está desempacando las maletas de lo que fue la campaña electoral.

López Obrador se ha pronunciado por la democratización de los medios de comunicación. Se ha comprometido a no permitir monopolios, a que haya competencia para que no se concentre el manejo de información en unos cuantos.

Esto es primordial, cuando en décadas ha sucedido todo lo contrario, más aun cuando los ciudadanos hemos sido víctimas de una relación perversa entre los medios de comunicación y los gobiernos en turno, donde los primeros han sido peones de un sistema, de gobiernos quienes pagan para que no les peguen.

Desde luego no hay que echar en el saco del olvido aquella frase famosa del ex presidente José López Portillo: “No te pago para que me pegues”, la cual significaba que no se iba a dar publicidad a aquellos medios que lo criticaban.

jose lopez portillo

Foto: Agencia Cuartoscuro


 

Los gobiernos subsiguientes, bajo esta misma filosofía, han venido pagando para que no les peguen. El llamado Cuarto Poder ha sido humillado por el poder político. El famoso “chayo” no solo se ha repartido entre los reporteros que perciben salarios de hambre -buena parte de su existencia se debe a ello-, sino también entre los empresarios de los medios que han sido beneficiados con la exención de impuestos, de pagos al IMSS y otros beneficios que los hace sentir obligados –por conveniencia- a ser cortesanos del poder político.

Andrés Manuel ha sido víctima, como oposición, de esa alianza perversa gobierno-medios de comunicación. Lo han golpeado brutalmente. Como reportero –ya lo he escrito en otros momentos- cuando trabajé en Radio Acir, en plena campaña presidencial en 1994, nos ordenaron a los reporteros y conductor del noticiero:

“Queda prohibido mencionar los nombres de Cuauhtémoc Cárdenas (candidato presidencial del PRD) y de Andrés Manuel López Obrador” (Presidente nacional del PRD). La decisión fue de la empresa, más no de Gobernación.

En tal sentido, Andrés Manuel, como Ejecutivo federal, tiene una oportunidad histórica de cambiar esa relación, en primer instancia, respetando el derecho a la libertad de expresión, y al mismo tiempo cambiar esa correlación perversa, además de aprovechar la experiencia y capacidad de un importante de número de reporteros y comunicadores que en primer instancia no se sumaron al grupo de “golpeadores” en su contra, pero que están convencidos en la necesidad de profesionalizar y democratizar esa relación.

En estos momentos hay una seria preocupación sobre qué va a pasar con muchos empleados que trabajan en diversas oficinas de comunicación social que no tienen preciso cuál va a ser su suerte; particularmente de mandos medios hacia abajo, por ejemplo, reporteros, redactores, fotógrafos, responsables de redes sociales. Lo mismo entre los reporteros de los medios tradicionales que ante el recorte presupuestal, prevén ser despedidos por las empresas en las que laboran.

Evidentemente el recorte al presupuesto para publicidad es necesario, obligado. Con Vicente Fox se destinaron 3 mil millones de pesos anuales; Felipe Calderón gastó cerca de 39 mil millones de pesos, mientras Enrique Peña Nieto despilfarró, dinero público para periodistas y medios, nada más ni nada menos que 40 mil millones de pesos en casi seis años de gobierno. Se debe pues, democratizar el gasto publicitario y dejar de favorecer a los “amigos”, y a los aduladores, mientras que muchos, quienes trabajan de manera profesional, se les castiga por incómodos, desde luego negándoles publicidad.

Es entendible que muchos portales de comunicación habrán de “morir”, porque simplemente no cumplen con la calidad de la información que maneja ni con el profesionalismo, pero tampoco se puede seguir favoreciendo sólo a los medios “grandes”. Hay que “horizontalizar” la publicidad como ha planteado Carlos Padilla, Director de la revista Zócalo.

Otro aspecto que debe atenderse tiene que ver con un reclamo histórico, pero más recientemente, con la necesaria y verdadera protección al trabajo y a la vida de los comunicadores, es decir, revisar leyes en la materia y llevar a cabo reformas.


 

Es entendible que la tarea no es nada fácil, y más cuando hay una enorme expectativa sobre el gobierno que llega, y que ha planteado la importancia de “contar con un sistema de medios de comunicación plural y diverso, (que) se convierta en un tema central en la deliberación pública”, y al mismo tiempo sean “verdaderos instrumentos para la democratización de la sociedad en defensa de los derechos de las audiencias y de los concesionarios públicos y sociales”.

El nuevo gobierno que llega, debe, antes que nada, escuchar no sólo a los dueños de los medios (“grandes” y “prestigiados”), sino también a los principales actores del periodismo, los reporteros, en todas sus especialidades, quienes podrían aportar mucho en la transformación que ha propuesto Andrés Manuel López Obrador, porque estamos obligados a evolucionar como gremio, lo mismo que los medios para atender  los reclamos que la sociedad nos ha hecho de manera clara, contundente y, con razón, hasta a rabiosa.

Que no le cuenten…

 

 

Luego del histórico triunfo de Andrés Manuel López Obrador, se ha venido hablando de una “luna de miel” entre el virtual presidente electo y casi todos los sectores políticos, económicos y sociales del país. ¿Será?, pregunto porque presumo que en el medio ambiente ronda un tufillo pestilente que emana de ciertos sectores que ven “peligrar” sus intereses. Lamentablemente mis malos pensamientos me llevan a recordar los tiempos, luego del triunfo de los partidos que se unieron en un frente, el de la Unidad Popular en Chile, cuando Salvador Allende ganó la Presidencia en 1970.

*Periodista | twitter: @M56454832 

Columna anterior: El Parto

Mario A. Medina

Foto: Hugo Reyes | SociedadNoticias.com

 

 

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