Nicaragua: la pareja Ortega-Murillo, de la revolución sandinista a los desvíos dictatoriales

El antiguo líder nacionalista Daniel Ortega, quien dirigía la revuelta contra la dinastía de los Somoza hace 40 años, ahora se aferra al poder con su esposa como vicepresidenta, Rosario Murillo. Incluso a costa de reprimir a la población.

El presidente nicaragüense Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, celebran la conmemoración del 39 ° Aniversario de la Revolución Sandinista en la plaza “La Fe” en Managua el 19 de julio de 2018.

Por Ségolène Allemandou | France 24

 

 

El 19 de julio de 1979, dirigida por un levantamiento popular reprimido con sangre, la guerrilla socialista acaba con la dinastía Somoza, que había reinado en Nicaragua con el apoyo norteamericano desde 1937. A la cabeza de la insurrección, un tal Daniel Ortega, líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (), se alza como el héroe de esta revolución y en unas cuantas semanas lleva su partido al poder.

Hoy en día, del héroe sandinista no queda más que el nombre. Con 72 años, el presidente electo por cuarta vez ha sido acusado de haber instaurado junto a su esposa Rosario Murillo una “dictadura” marcada por la corrupción y el nepotismo. Sus adversarios exigen unas elecciones anticipadas o su partida. Olas de protestas, organizadas desde el 18 de abril, se reprimen a la fuerza. La violencia han dejado más de 300 muertos y alrededor de 2.000 heridos.

“La familia Ortega-Murillo hace lo mismo que los Somoza, declaró a la AFP Álvaro Gómez, antiguo miembro del FSLN, cuyo hijo fue asesinado el 21 de abril, durante las manifestaciones. Matan a los hijos y a los nietos de quienes le ayudaron a Daniel Ortega a tomar el poder en 1979”.


Daniel Ortega, un admirador del ‘Che’ Guevara

En esa época, el hombre en traje militar y con bigote poblado se presenta con un líder nacionalista moderado que aspira a una economía mixta, a una política exterior no alineada y a una relación amistosa con el mundo de los negocios y con la Iglesia Católica.

El presidente Daniel Ortega se dirige a unos 1.500 trabajadores en Managua el 4 de junio de 1985. © Christopher Vail / AFP

 

En línea con la revolución cubana, el hombre cuyo recorrido se parece extrañamente al de Fidel Castro (abandona sus estudios de derecho para unirse al FSLN y pasa siete años en la cárcel, donde es torturado) lanza una campaña de alfabetización y reforma el sistema de salud para mejorar el acceso a los cuidados.

Su política le cuesta el tenaz odio de los Estados Unidos de Ronald Reagan, quien no reconoce su elección en 1984. Washington impone entonces un bloqueo económico, provocando penurias alimenticias, y organiza la contra-revolución.


 

Mónica Baltodano: “Ortega ahora es un capitalista enamorado del poder”

Vencido en las urnas en 1990 y tras tres escrutinios presidenciales consecutivos, Daniel Ortega se ve obligado a pasar diecisiete años en la oposición antes de volver a ocupar el trono presidencial en 2006. Con el paso del tiempo, este admirador del Che Guevara sufre una transformación, abandonando el marxismo de sus primeros días por una gestión más pragmática del poder.

A partir de entonces, el líder de izquierda aplica escrupulosamente las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). “Durante los años 1980, Ortega hacía parte de un proyecto de cambio revolucionario, ahora es un capitalista enamorado del poder, que se dedica a reforzar sus privilegios y su fortuna”, declara a la AFP la antigua guerrillera Mónica Baltodano, quien le dio la espalda al FSLN en el 2000.

Como acróbata confirmado, Daniel Ortega logra entonces domar el medio de los negocios y tranquilizar a los organismos internacionales permaneciendo siempre leal al venezolano Hugo Chávez, cuyos petro-dólares y donaciones en especie alimentan los programas sociales del Gobierno. Al mismo tiempo, este hábil político descrito como frío, pragmático y desconfiado, parece tomarle gusto al poder: a pesar de una prohibición constitucional, obtiene de la Corte Suprema –de mayoría sandinista– la autorización para aspirar a un segundo mandato consecutivo en 2012.

Daniel Ortega al lado de un retrato del expresidente venezolano Hugo Chávez en una cumbre en Caracas el 5 de mayo de 2013. © AFP 

 

Rosario Murillo, “la bruja”

Sin embargo, una cosa no ha cambiado: su esposa de 67 años, la excéntrica poetisa Rosario Murillo, omnipresente, que administra con mano dura las comunicaciones de la pareja.

Esta antigua militante sandinista, que se alza como madre del pueblo, es llamada “la bruja” por sus detractores. Ambos “son maquiavélicos en el sentido en que (para ellos) el fin justifica los medios”, comentaba a finales de 2016 Gioconda Belli, antigua camarada de lucha que se volvió escritora y opositora del gobierno, denunciando una “monarquía” en el poder.

En 2014, Daniel Ortega modifica la Constitución para postularse a un nuevo mandato en 2016 y permitir que su esposa se convierta en su vicepresidenta. Tras un escrutinio presidencial controversial, el desvío autoritario de la pareja que gobierna sin compartir se instala en todas las esferas del poder: la policía, el ejército, los jueces.

Entre los diez hijos criados por la pareja, algunos de uniones anteriores, la mayoría ocupan puestos importantes en política, economía y medios de comunicación. Hay razones para despertar los malos recuerdos en ese país, acostumbrado a las dinastías familiares. –sn–

 

 

 

 

 

 

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