La columna | Que no le digan… | El cambio de régimen | Por Mario A. Medina

Por Mario A. Medina *

 

 

En la memoria de muchos, del año 2000, seguramente está aquella frase, aquella promesa del candidato Vicente Fox de que iba a “sacar a patadas al PRI de Los Pinos”. Aquella oferta sólo quedó en eso.

El domingo 12 de mayo del 2002, los diarios mostraban a un Presidente de la República sonriente frente al dirigente nacional del PRI, Roberto Madrazo. Un comunicado de prensa señalaba que ambos habían intercambiaron puntos de vista sobre “la nueva relación de este instituto político con el Gobierno”. Sin embargo la lengua de Fox presumió: “Gobernemos juntos el cambio”.

Muchos que no comulgaban con el panista; sectores de izquierda, incluso, votaron por él, porque se decía, representaba la posibilidad de la alternancia y el compromiso del candidato de “desmantelar el viejo régimen”, hecho que nunca ocurrió y que hoy pareciera está empezando a suceder.

Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia de la República con 30 millones 110 mil 327 votos; dos días después de su triunfo, tras reunirse con el Presidente Enrique Peña Nieto, reiteró:

“Mi gobierno va a hacer un cambio radical, radical viene de raíz”, para luego advertir: “que nadie se asuste porque lo que vamos a hacer juntos los mexicanos, es arrancar de raíz el régimen corrupto, de injusticias y de privilegios”.

AMLO Peña Palacio

Foto: Agencia Cuartoscuro


 

Tal vez en los últimos diez sexenios los mexicanos hemos presenciado, sí, cada seis años, cambios de gobierno, más no de régimen. De ello, el mismo candidato presidencial panista, Ricardo Anaya señaló: “En el 2000, cuando ganó Vicente Fox, muchos soñamos con que la derrota del PRI traería todos los cambios anhelados. Pero seamos francos y hagamos autocrítica de esta circunstancia: No cambiamos el régimen”.

A lo largo y ancho del país, entre todos los sectores: políticos, sociales, religiosos, empresariales; en las oficinas gubernamentales, partidos políticos, sindicatos y hasta en las cantinas, el tema de los cambios que está anunciando el Presidente Electo se ha convertido en análisis, sorpresa, enojo, incredulidad, convencimiento, y sí, también, en apoyo.

Hay quienes temen, como el escritor Enrique Krauze, que el cambio de régimen de López Obrador desemboque en que México “sea otra vez una monarquía, pero caudillista y mesiánica, sin ropajes republicanos: el ´país de un hombre´”, y ponga fin a “la frágil pero auténtica democracia mexicana”.

Digo que pareciera que está empezando ocurrir porque López Obrador está realizando cambios como el anuncio, en plena campaña, de los nombres de su gabinete legal. Le han seguido una serie de acciones que evidentemente ha puesto muy nerviosos a muchísimos porque saben que perderán privilegios, ya no digamos aquello que tiene que ver con la disminución salarial de los funcionarios de primer nivel, sino las “prerrogativas” o dicho de otro modo, los beneficios que traen las “tranzas”, los enormes negocios que se han venido haciendo, por ejemplo con Pemex o la CFE, a cuyas empresas las mal manejaron, las han quebrado  a propósito para  favorecer a las privadas.

Lo mismo con la publicidad gubernamental que se ha venido dando a un puñado de consorcios de radio, televisión, grupos editoriales y “líderes de opinión”. Ésta también ha significado un gran negocio para quienes se les da y para quienes deciden a quién y a quién no aprobársela.

El hecho mismo de haber nombrado a Manuel Bartlet al frente de la CFE, significa un “cambio radical”. Pregunto: ¿Qué acaso López Obrador no sabía el tamaño de la ámpula que iba a levantar con ese nombramiento por lo que representó el aún Senador en el fraude electoral de 1988? Se la jugó porque el perfil del ex gobernador de Puebla le garantiza “mano dura” para enfrenar la enorme corrupción que hay en la paraestatal.

Su anuncio de que ganará 60 por ciento menos de lo que salarialmente percibe Enrique Peña Nieto es, en sí mismo, un acicate para todos los demás, al grado que ya se “convencieron” que deben hacerse recortes, que sí es posible reducir privilegios. El mismísimo coordinador del PRI en el Senado, Emilio Gamboa reconoció que sí se pueden hacer recortes al presupuesto para “sacar adelante los proyectos de López Obrador”, y hasta calificó el discurso del Presidente Electo como un mensaje de “paz y tranquilidad”.

Los cambios de gobierno sólo han significado la llegada de algunas personas distintas, muchas se reacomodan, cambian de posiciones, pero la “derrama”, los sigue cubriendo; en el fondo las cosas siguen igual, no cambia nada. La corrupción es su insignia. El mejor ejemplo es el mismo Fox que terminó vergonzosamente como un “matraquero” del partido que prometió lo sacaría a patadas.

En fin, no me atrevería a decir que los mexicanos –todos- estamos deseosos de un cambio de régimen, aunque sí, a la mayoría y al país nos urge se cumpla este compromiso. Quienes están deseosos que las cosas no cambien son quienes, en los gobiernos neoliberales han sido jugosamente beneficiados, están deseosos que López Obrador, igual que Fox, incumpla, que termine aliado de los fi-fis.

Esta vez, al parecer, no será así. No sé si dentro de seis años estemos hablando de que su gobierno sí significó la Cuarta República que ha prometido, y de él como uno de los “mejores” presidentes de México, pero al menos se percibe que algo distinto se avecina y que tiene preocupados a los privilegiados de siempre. Esto es bueno.

Que no le cuenten…

 

Dos amplios reportajes publicaron en sus noticieros estelares Televisa y Grupo Imagen, en días pasados, donde dan cuenta de que a cuatro años del peor desastre ecológico y ambiental en la historia del país -de los ríos Sonora y Bacanuchi-, sigue siendo una tragedia, pero aún  mayor es que el Secretario de Medio Ambiente, Rafael Pacchiano afirme que el agua en los pozos de los 6 municipios afectados se encuentra en “condiciones de normalidad” cuando no es así,  y que Grupo México está cumpliendo con sus responsabilidades.

Este señor es un sinvergüenza. Sus declaraciones dan a qué pensar cuando sale a la defensa del consorcio millonario de Germán Larrea a quien los Comités de Cuenca del Río Sonora (CCRS) acordaron hacer un frente común contra el empresario por incumplir su obligación de remediar la zona afectada.

Por lo pronto la diputada federal electa de Morena por Sonora, Lorenia Valles, quien como integrante de la LXII legislatura exigió la suspensión de las actividades de la mina de Cananea, ha señalado que en cuanto inicien los trabajos de la LXIV legislatura, propondrá se revise la situación, y que lo sucedido no debe quedar en el olvido.

*Periodista | twitter: @M56454832 

Columna anterior: PAN-PRD, ¡cómo se parecen!

Mario A. Medina

Foto: Hugo Reyes | SociedadNoticias.com


 

 

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