La columna | Que no le digan | ¡Socorro!, ¡Socorro! | Por Mario A Medina

Por Mario A. Medina *

 

 

Después de una semana, aún están ahí, un montón de moretones; que a simple vista se observan en sus brazos y piernas, y otros que se esconden entre sus ropas, magullones que duelen, “pero punza más la impotencia que tienes frente a un sistema policíaco que te cuadra delitos para chingarte”.

Es la voz de una ciudadana, quien junto con sus hijas, fue golpeada por elementos policiacos de la Secretaría de Seguridad (SSP) de la Ciudad de México. Las tres mujeres comían tacos. Su delito fue salir de noche allá por la colonia Vicente Guerrero en Iztapalapa. El más “grave” fue que una de ellas decidió salir en defensa de una joven la que -igual comía tacos-, fue víctima de un operativo; la empezaron a insultar, golpear y responsabilizar de delitos que nunca cometió. Por el temor, la muchacha se orinó.

Y a pesar que se identificaba, que les advertía de su error, las mujeres policías se ensañaron contra ella y sus hijas: “Me aventaron y me tiraron de nalgas; me quisieron arrebatar el celular, me esposaron, y  a una de sus jóvenes hijas la jalaron de los cabellos, le exigían que se callara, la golpearon y de la otra no sabía nada de su paradero, no la veía en el camión repleto de detenidas en una unidad sin logotipos que identificara a la corporación”.

El operativo no fue para detener a verdaderos criminales, ladrones, vendedores de tachas, mariguana, o si acaso borrachos. No, fue una acción abusiva para detener inocentes, y ellos, los responsables de la seguridad de la capital del país, se victimizaban ante el Ministerio Público, pero luego pedían negociar, acordar para no proceder. ¡Qué buenas gentes!”

Esta ciudadana tiene una gran ventaja que le permite que su voz se replique en los medios de comunicación, Ella es una reportera, ella es Socorro Valdés, periodista de muchos años, de excelente trayectoria, pero que aún a pesar de esa “ventaja”, las autoridades policíacas no la pelaron.

El día de los hechos y los posteriores, no recibió una llamada, ni un mensaje de algún funcionario del gobierno actual, ni del equipo de Claudia Sheinbaum, ni de la misma Jefa de Gobierno electa, “y no porque sea reportera –precisa Socorro-, sino para que se entere de cómo están las cosas de  la SSP, de que aunque llegue una nueva administración a gobernar a dentro las cosas están podridas”. 

Esta ciudadana, esta reportera, tiene la fortuna de la solidaridad de sus compañeros del gremio que han replicado el hecho, pero lamentablemente quién sabe cuántos ciudadanos son víctimas a diario de las autoridades, sus desgracias quedan en el anonimato y, peor aún, muchas veces, van al reclusorio.

Socorro dice: “imagínate, si yo con esta ventaja de haber podido ventilar estos excesos y abusos en medios me fue de la chingada, ¿qué puede esperar la ciudadanía?”

Es cierto. ¿Cuántos en esta capital conocemos a personas que, igual que a Socorro, le “cuadraron” delitos? Es verdad, pareciera que estamos en los años 80, en los tiempos del “Negro Durazo”, en los tiempos de la TEMIBLE Dirección Federal de Seguridad (DFS) que hacía detenciones ilegales, torturaba, mandaba a la gente a la cárcel sin el menor remordimiento, mataba y desaparecía a quien fuera.

Muchos dirán: “No exageres”. Sin embargo, no descartemos que esto pudiera estar muy cerca de pasar en la Ciudad de México como lamentablemente está ocurriendo en muchas partes de la geografía nacional.

Lo sucedido a Socorro, a sus hijas y a grupo de personas más a las que les “cuadraron” delitos que no cometieron, provoca indignación y un hartazgo generalizado contra las autoridades que se dedican a detener inocentes, que en vez de proteger a la población la pasa a joder para inflar sus estadísticas “positivas” y hasta para sacar una lana.

Estamos frente a un gobierno, a un sistema indolente, corrupto, tramposo, a una autoridad que pareciera que no sabe escuchar a la población, su reclamo, que no hace nada, no entiende, no ve, no oye, a pesar del grito ahogado, encabronado de la población que pide “¡auxilio!, ¡auxilio!

Que no le cuenten…

 

El sábado 8 pude ver un video cuando el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, llegó a su natal Tabasco. Lo recibió un tumulto que no le permitía caminar. Lo atosigaban reporteros y la propia población que le intentaba entregar peticiones por escrito, tocarlo, abrazarlo. No pude ver a nadie de su equipo de seguridad que lo resguardara.

A la memoria me vino aquella imagen de un revolver en la sien de Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas y el reciente hecho cuando acuchillan al candidato presidencial de Brasil, Flavio Bolsanaro.

López Obrador debe entender que no habrá ningún problema si decide retractarse y acepta que el Estado Mayor Presidencial es quien lo debe proteger.

*Periodista | twitter: @M56454832 

Columna anterior:  “¡Porfirio, valiente callaste al Presidente!…”

 

 

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